Historia de la Ciudad

Isidoro

Nuestra historia

El Nono Isidoro te la cuenta

Hola, chicos y chicas.
Yo me llamo Isidoro y nací acá, en Colonia Caroya.
Soy nieto de los primeros inmigrantes italianos que llegaron a este lugar hace más de cien años.

Cuando era chico, mis nonos me contaban muchas historias. A veces junto al fuego, otras veces mientras trabajábamos en la huerta o tomábamos mate bajo un árbol.
Y ahora, que yo ya soy un nono, quiero contárselas a ustedes.

El gran viaje

Mis abuelos venían de Italia. Allá las cosas estaban muy difíciles: había guerra, hambre y pocas oportunidades.
Muchas familias decidieron dejar todo atrás —sus casas, sus campos, sus amigos— y subirse a un barco para venir a América.

El viaje en barco duraba muchos días. A veces más de un mes. Llevaban muy poquitas cosas: una valija con ropa, una imagen de la Virgen, una receta escrita a mano, alguna semilla y muchos sueños.

La llegada a estas tierras

Primero llegaron al puerto de Buenos Aires. Desde allí tomaron un tren hasta Córdoba.
Pero Colonia Caroya no era como hoy. Acá no había calles, ni casas, ni árboles en las veredas. Solo campo, monte y silencio.

Entonces, los inmigrantes pusieron manos a la obra.
Construyeron  sus casas con el barro del lugar.  Hacían unos ladrillos enormes, y después los cocinaban  en hornos a  leña  y con eso levantaban  las paredes. Y para los techos se usábamos  la tejaba muslera. ¿Saben que es un teja muslera? Si se fijan bien, en algunas casas muy antiguas todavía se pueden ver algunas.
Hicieron galpones, corrales, cocinas a leña.
Empezaron a plantar viñedos, frutales, huertas y a criar gallinas, vacas y chanchos.

Los plátanos

¿Vieron esos árboles que están  a los costados de la avenida:  se llaman plátanos. ¿Saben quién los plantó? ¿Y por qué? Los invito a que investiguen su historia. Pregunten, busquen, curioseen… Seguro que descubren algo interesante sobre cómo poblaron las veredas.

Los plátanos son importantes porque ayudan a limpiar el aire y el agua, y a cuidar la tierra. También son parte de la historia y del paisaje natural de nuestra ciudad.

Cada uno guarda un pedacito de esfuerzo y cariño.

Una nueva vida

Los inmigrantes trajeron más que herramientas o semillas.
Trajeron costumbres: comer en familia, preparar pastas caseras, hacer vino, rezar juntos, cantar y bailar.
Fundaron clubes, escuelas, iglesias. Y sobre todo, cuidaron lo que construyeron entre todos.

Con trabajo, con ayuda y con muchas ganas, nació lo que hoy es nuestra ciudad.

¿Y ahora?

Ahora que ya sabemos un montón de nuestra ciudad: ¡Es hora de jugar un poco!

Hace mucho tiempo en un armario viejo de la quinta me encontré un mapa mágico, es un mapa que si le hacés click en los círculos amarillos, te muestra fotos y te cuenta datos curiosos de la inmigración italiana.

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